No debe cegarnos la ilusión. La Semana Santa y todo lo que conlleva, que no es poco, no debe parecernos un espejismo que se nos revele únicamente en primavera al puro estilo de aquel cofrade que nace por cuaresma y muere en la Pascua. La Semana Santa se trabaja por dentro, en lo espiritual, y por fuera y sí, es hora de llamar a las cosas por su nombre pues, no cabe duda, que hoy por hoy la representación en nuestras calles de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo ha evolucionado hasta el punto de percibirse o sentirse desde varios y muy dispares puntos de vista.

«Nadie fue ayer ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy». León Felipe

«Pues pese a los esfuerzos pastorales de la Iglesia, los símbolos litúrgicos no siempre han sido claros e inteligibles para todo el pueblo, especialmente para la gente más sencilla. Y así, durante la época medieval muchos cristianos sin apenas formación asistían a las celebraciones de los Oficios del Triduo Pascual sin acabar de entender ni la lengua (que por entonces era el latín) ni muchos de los símbolos que expresaban los misterios centrales de nuestra fe. Sin embargo, el que no entendieran lo que allí estaba pasando, no quiere decir que no intuyeran que en aquellas liturgias se estaba celebrando el acontecimiento más trascendental de la historia de la humanidad: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo (que conocían gracias a las predicaciones en lengua vernácula de los sacerdotes y al arte figurativo de sus templos). Es por ello que desde el pueblo y asistido por las órdenes mendicantes surgió el deseo de crear una paraliturgia que complementara (y no sustituyera) aquello que se celebraba en las iglesias. Así surgieron las procesiones y las diversas manifestaciones de religiosidad popular que conforman lo que hoy entendemos como «Semana Santa». Desde el deseo que el pueblo sencillo tenía no solo de explicar y entender, sino también de participar en la rememoración de los acontecimientos centrales de la fe cristiana. De este modo, puede decirse que las paraliturgias y los elementos que conforman la espiritualidad cofrade, ayudaron y ayudan al pueblo a participar en la liturgia oficial de la Iglesia y a entender la teología que en ella se integra…» *01

Aferrarse al pasado del «como se hacían las cosas» sin querer entender cómo o porqué han evolucionado nuestras formas de procesionar, nuestra manera de entender la Semana Santa y cómo se han mantenido nuestras tradiciones, es luchar contra los demonios propios. «Tanto la historia como la realidad actual de las hermandades y las prácticas de religiosidad popular derivadas de ellas nos muestran cómo a lo largo de los siglos ha habido cristianos que han sabido entrar por la puerta sensitiva y emocional de las cofradías para, desde ellas, llegar a un Dios que desea darse en todas las realidades de su creación.

Así lo recordó el papa Francisco en su homilía de la Jornada de las Cofradías y de la Piedad Popular con motivo del Año de la Fe: A lo largo de los siglos, las hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo…’ *02

Melilla, en su Semana Santa se ha nutrido desde los orígenes de la influencia peninsular más cercana, Málaga ha sido referente tanto del estilo de cargar los tronos, como artístico, textil, musical e incluso litúrgico que ha servido de germen para que cada hermandad, a lo largo de la década de los 80 y 90, crearan no sin esfuerzo, detalles que conformaban la propia identidad de las corporaciones, y que en conjunto, ponían en alza la autenticidad de la Pasión según Melilla; costumbres o tradiciones que por circunstancias que trataré en otra ocasión, se han olvidado, perdido, o abandonado, y todo ello pese a que la Semana Santa de España, es considerada desde el el 8 de abril de 2017, como «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial» *03 por lo que todos, áreas culturales, asociaciones, empresas del ramo, la Iglesia, artistas y artesanos, medios de comunicación, gobernantes y cargos públicos y hasta las propias hermandades, tenemos el deber y moralmente la obligación de conservar, mantener y velar por nuestra Semana Santa, y todo lo que ella conlleva. Así, seremos capaces de conseguir que la Semana Santa, nuestra Semana Santa, sea auténtica.

Notas:

*01.- ob.cit. «La Procesión va por dentro». pág 303. A. Daniel Cuesta Gómez.

*02.- ob.cit. Pág 313.

*03.- BOE» núm. 86, de 11 de abril de 2017, páginas 28899 a 28900 (2 págs.)